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Opinión

Un paso al frente, por el Patricio

11 Oct 2017 | 0 Reacciones
Un paso al frente, por el Patricio

Ráfagas de intolerancia, saturadas de prejuicio y xenofobia, sacuden de un tiempo a esta parte ciertas áreas de la ‘Gran Manzana’ en donde confluye un alto número de inmigrantes de origen hispano y más concretamente, dominicanos. De manera subrepticia, tales vientos -y quienes los azuzan- han estado orientados hacia el resquebrajamiento de elementos neurálgicos de la nación dominicana, sus símbolos patrios y la memoria veneranda de los personajes sacrosantos que forjaron nuestra nacionalidad.

 

Comenzó como parte de un celo irracional y obsesivo, ante el empuje y dinamismo de la comunidad dominicana y el incremento de su novedosa presencia en el comercio, el transporte, el negocio de las remesas, el entretenimiento y un sinnúmero de actividades de tipo informal. Esa pujante actividad, que catapultó a prestantes líderes comunitarios de procedencia dominicana hasta importantes escaños, tanto dentro de entidades comunitarias y de servicios como en el gobierno municipal, estatal y, más recientemente, federal, siempre fue vista con ojeriza por ciertos sectores con ínfulas hegemónicas que, en el pasado, manejaron con carácter monopólico las áreas de poder que con tanto esfuerzo y capacidad de trabajo fueron  siendo conquistadas, de manera paulatina, por la dinámica población dominicana.

 

En principio, la estrategia se cimentó en la elevación sistemática del pago de la renta, tanto en el renglón vivienda como en el de locales del comercio, con el establecimiento de tarifas exorbitantes y antojadizas con las que se pretendía desestimular a los residentes, accionistas y empresarios, empujándolos en forma paulatina hacia las afueras de la ciudad y el estado de New York, lo que, a la postre, ha provocado un éxodo silencioso de cientos de familias hacia otros territorios de la Unión, lo cual es difícil de cuantificar pero se encuentra a la vista de todos.

 

En base a fútiles argumentaciones propias de la burocracia administrativa que corroe muchas de las entidades de servicio público, en años recientes le fue asestada una estocada mortal a la emblemática escuela pública  Juan Pablo Duarte (P. S. 32), enclavada en la barriada de Washington Heights, del Alto Manhattan, bautizada así en homenaje al patricio fundador de la nación dominicana.

 Basados en la excusa del supuesto bajo rendimiento de la matricula estudiantil, en principio hubo intentos solapados de clausurar el citado centro académico. Gracias a la lucha frontal de la asociación de padres y amigos de la escuela, en coordinación con parte del liderazgo comunitario y algunos oficiales electos de ascendencia dominicana, se pudo evitar el cierre del plantel.

Sin embargo, en lo adelante su filosofía educativa estaría condicionada y mediatizada gracias a la imposición de un proyecto de escuelas Charter, formula salvadora que obligaba a compartir el espacio físico y  los recursos asignados, entre dos planteles escolares con programas de estudio y proyección filosófica diferente, situación que, a mas de denigrar a profesores y empleados que fueron pioneros en la instauración del centro original, convirtió al  simbólico plantel  en una entidad sujeta a la ayuda pública y sobre la que pesa el peligro latente del colapso.

Fruto de tales argucias fue creado en 2013 el nuevo centro DOS PUENTES ELEMENTARY SCHOOL, al que, paradójicamente, le han venido siendo asignados generosos fondos y múltiples facilidades que antes le eran negados y regateados en forma mezquina a la añeja y emblemática escuela Juan Pablo Duarte.

No es casual que, a la sombra de este estado de cosas, ocurran situaciones bochornosas y ofensivas a nuestros valores patrios, como la que observamos recientemente en las instalaciones de la 

‘media’ escuela que nos dejaron a los dominicanos del Alto Manhattan, luego de la implementación del arreglo a que antes hice mención.

 

En la ocasión, nos apersonamos junto al Presidente del Instituto Duartiano de los Estados Unidos, Inc., el dinámico maestro y activista comunitario Bienvenido Lara Flores, en la intención de girar una visita de cortesía a las autoridades educativas del plantel y otros viejos conocidos. Con sumo pesar e indignación pudimos constatar la manera alevosa e irresponsable en que había sido retirada de su lugar una vistosa pintura con la imagen del Padre de la Patria dominicana, donada a la escuela hace más de cuatro décadas por la Liga Municipal Dominicana (LMD) y su Secretario General Pedro Gil Iturbides,  en atención a diligencias tramitadas al efecto por la dirigencia del Instituto Duartiano –USA-, en esos años.

 

Lo peor del caso, es que, en principio, ninguna de las autoridades de ambos planteles con las que pudimos conversar, aparentaba conocer el destino de la valiosa imagen. Luego de varios escarceos, tácticas dilatorias y presurosas llamadas telefónicas encaminadas por algunos miembros del personal administrativo que se vieron precisados a dar la cara ante el enigma que teníamos por delante y, cuando un iracundo Lara Flores ya se aprestaba a dar la voz de alarma, denunciando la citada afrenta ante los medios de comunicación y toda la colectividad dominicana, entonces se hizo la luz al final del túnel: la imagen apareció, sin un rasguño, en el fondo de algún oscuro desván con aires de desdén y rancia burocracia adonde había sido arrojada con fines inconfesables.

Tras las fementidas excusas protocolares, el cuadro fue devuelto al lugar del que nunca debió ser removido, hecho que nos dejó una amarga desazón, junto a la firme convicción de que debemos cerrar filas y mantenernos en vigilancia, enfrentando a quien fuese necesario y apelando a todos los recursos de que dispongamos, en aras de defender y hacer respetar la memoria y el ejemplo de los héroes que nos legaron la Patria.

 

Otro eslabón de este rosario de agravios y conspiraciones que se vienen repitiendo en forma ascendente en contra de nuestra comunidad inmigrante, sus símbolos y su cultura, lo constituye la amenaza velada de eliminación o traslado de la efigie de Juan Pablo Duarte instalada desde hace cuatro décadas en la intersección de la calle Canal y Avenida de las Américas, en el bajo Manhattan. En su momento, armados de la razón, la justicia y las argumentaciones adecuadas, los directivos del Instituto Duartiano encabezaron una dinámica jornada de defensa de la memoria histórica del Padre de la Patria, en aras de desarmar la supuesta postura racista asumida por este en contra del pueblo haitiano, mientras encaminaba las gestiones liberadoras que condujeron a la creación de la República Dominicana.

Amplios sectores de opinión se hicieron eco del malestar que aquejaba a los inmigrantes dominicanos residentes en el ámbito de la ciudad de New York, toda vez que el citado monumento ha sido acogido, a través de los años, como el lugar más adecuado para demostrar el aprecio a la memoria del patricio, así como para patentizar el solemne homenaje de veneración en las fechas patrias.

Gracias a esta andanada patriótica podría decirse que, por el momento, la intentona ha sido engavetada. Sin embargo, no se puede cantar victoria, hasta tanto se produzca un fallo definitivo, justiciero y esclarecedor, de parte de la comisión designada por el gobierno municipal de New York, para ofrecer un veredicto en relación a las efigies y bustos que han de ser removidos del espectro metropolitano.

Como es habitual en su diario accionar, el inefable Lara Flores y la directiva del Instituto Duartiano se mantienen -y mantendrán- vigilantes del derrotero que tomen los acontecimientos.

 

Más recientemente, hemos podido constatar el deplorable estado que presenta la Plaza Duarte (Duarte Square), enclavada en el perímetro delimitado por las calles 169 y 170, en la confluencia de las avenidas Broadway y Saint Nicholas. A partir de este punto da inicio la franja de esta última avenida que 

fue bautizada como Duarte Boulevard y dada su privilegiada posición -en pleno centro de Washington Heights-, el citado parquecito constituye un símbolo para la comunidad dominicana que habita en el vecindario. Desde comienzos de Diciembre, allí se instala un arbolito lleno de guirnaldas, luces y colorido, que sirve de marco a las celebraciones navideñas y festejos de fin de año. 

El descuido y el abandono campean por sus fueros, en un recinto que debería concitar el respeto y abnegación de todo aquel que se sienta ser dominicano. La basura y el desorden ofenden la mirada del transeúnte y, por lo que se ve, no hay una autoridad que reivindique la responsabilidad en cuanto al cuidado y limpieza del citado lugar. Por demás, en los últimos tiempos, en el transcurso del día y horas de la noche,  la citada plaza ha sido ocupada de manera ostensible por un sinnúmero de mendigos, desamparados y uno que otro desaprensivo que se valen de la oscuridad y falta de autoridad y vigilancia en el lugar para cometer tropelías, acoso a los transeúntes y una que otra acción delictual reñidas con la ley.

Ante el citado estado de cosas, han sido puestas en movimiento diversas iniciativas encaminadas por entidades comunitarias del Alto Manhattan, en aras de reclamar acciones enérgicas de parte de los organismos policiales, la dirección de parques y los organismos de socorro y atención a los desvalidos y desamparados, en pro de rescatar el respeto y la solemnidad de la plaza, para que la misma vuelva a ser un sitio seguro, de solaz y esparcimiento para toda la familia, al tiempo que un lugar en donde se venere y respete, como corresponde, la memoria del Padre de nuestra nacionalidad.

Las ejecutorias ya están en marcha. Para ello se cuenta con el concierto de las autoridades del Precinto policial correspondiente así como de las diferentes agencias y organismos oficiales y municipales a quienes compete tomar cartas en el asunto.

 

Entendemos que esta jornada debe ser apoyada por toda la población sensata, pues, antes que constituir una medida de corte represivo, se persigue el adecentamiento y rescate de los espacios ciudadanos, en beneficio de nuestras familias y para el disfrute de la colectividad. De igual manera, hacemos votos para que, en lo atinente a los menesterosos y desvalidos que pululan en el lugar, los organismos de socorro, salud y asistencia pública aúnen esfuerzos para atender a tales personas, con respeto y humanidad, sin lesionar sus derechos y su dignidad como seres humanos, puesto que tales personas se constituyen en las victimas de la desigual sociedad en que nos desenvolvemos, hoy día.

 

Como hemos señalado, las citadas tentativas y acciones directas encaminadas en contra de la comunidad dominicana, sus símbolos culturales e históricos, paradójicamente han venido siendo encaminadas por miembros de otras nacionalidades,  -inmigrantes también, como nuestros paisanos-, que una vez llegaron a estos lares persiguiendo el ‘sueño americano’. Es evidente que el afán de ascender escaños en la escala social conduce a algunos a asumir actitudes irracionales de rapiña, discriminación y prejuicio, cuando la tónica debería ser la coexistencia mutua y la lucha por la superación personal, sin afectar los derechos y conquistas logrados por los demás.

 

Por desventura, los aires de supremacía, intolerancia y exclusión entronizados en los últimos tiempos en la Casa Blanca alientan el resurgimiento y expansión de estas censurables actitudes discriminatorias y segregacionistas, que desde hace mucho tiempo se creían superadas. Por tales razones, debemos marchar unidos junto al Instituto Duartiano y otros prestantes y abnegados activistas culturales y comunitarios, en la dirección de aportar esfuerzos conjuntos para la búsqueda de soluciones atinadas a estos y otros males que afectan a la comunidad dominicana e hispana en general.