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Cómo las fotos y selfies extremos se han convertido en una peligrosa moda en Rusia

29 Mar 2017 | 0 Reacciones
Cómo las fotos y selfies extremos se han convertido en una peligrosa moda en Rusia

Alexander tiene una cámara amarrada a la cabeza y se tambalea sobre el precipicio de un tejado en un bloque de apartamentos de nueve pisos en Siberia.

"¿Estás grabando?", pregunta, justo cuando su amigo le entrega una antorcha encendida.

Las anaranjadas llamas devoran sus piernas y, de repente, da un salto en el aire, como un avión de guerra quebrado, poco antes de aterrizar con un golpe en una profunda pila de nieve.

Sorprendentemente, sale ileso (aunque le cuesta respirar).

La policía le dice a la multitud de espectadores que se ha congregado a su alrededor que deje de filmar.

Pero, a las pocas horas, las imágenes de su potencialmente mortal salto se vuelven virales. Varios videos de la hazaña, filmados desde diferentes ángulos, logran millones de vistas en YouTube.

Muchos se muestran incrédulos. Otros, enfadados. "¿Es esta la payasada más estúpida que se ha hecho jamás?", aclama un titular.

El hambre de riesgo de este muchacho es inusual, pero no extraordinario.

De hecho, el número creciente de muertes y daños sufridos por rusos -tras caerse de edificios o saltar desde trenes en marcha mientras tomaban fotos- urgió al Ministerio del Interior a lanzar una campaña nacional para explicar a la gente cómo tomar "selfies seguros".

A pesar del peligro mortal, quienes se arriesgan a tomar estos "selfies extremos" son atraídos por la fama y por la posibilidad de convertirse estrellas de las redes sociales.

En muchos lugares de Rusia, los edificios altos son bastante accesibles y las multas por allanamiento son reducidas o incluso inexistentes.

Algunos de los participantes dicen que las fotografías extremas pueden aliviar el aburrimiento y la energía reprimida de muchos hombres rusos.

Pero ¿qué es lo que motiva realmente a los temerarios de selfies rusos más famosos?

El joven que saltaba desde un bloque de apartamentos en Siberia era Alexander Chernikov, de 23 años, quien vive a las afueras de Barnaul (unos 4.000 kilómetros al este de Moscú).

A pesar de que la temperatura es de -18 grados centígrados y de que los pavimentos están cubiertos de bloques de hielo, lleva puesta una brillante chaqueta, unos jeans y unas botas de cowboy.

El lugar desde donde hizo su infame salto es un sombrío edificio de la era soviética con balcones oxidados cubiertos de antenas parabólicas.

"Ahí arriba sientes que estás entre la vida y la muerte. Tu vida se ve amenazada. Y si algo sale mal, puedes morir", explica.

Alexander dice que no le teme a la muerte. "¿Qué sentido tiene estar asustado? No hay forma de escapar. La muerte nos va a llegar a todos", dice.

Pero, ¿haría tal cantidad de locuras si no hubiera cámaras? "Probablemente no", admite. "Encontraría una manera diferente de seguir adelante en la vida".

El muchacho trabaja de vez en cuando como obrero en la construcción, y también en fábricas locales o descargando trenes de mercancías. Pero sueña con labrarse una carrera como un actor de doblaje en escenas peligrosas o incluso estrella del cine.

 

Está desesperado por escapar de la tranquila aldea en la que vive con sus padres.

Poco después de su salto, el cual fue visto más de 10 millones de veces en internet, Alexander fue invitado a un programa de televisión en Moscú durante el cual un director de cine le prometió una prueba de cámara.

Sin embargo, en el programa, tanto él como su familia fueron tratados como patanes.

"¿Y si vuelve a saltar y se lastima? No quiero que le traten en un hospital con mis impuestos. ¡No quiero pagar por este idiota!", dijo el presentador.

Alexander todavía está esperando la prueba de cámara.

Línea

Vladimir Lapik y Sasha Bitkov

En un bloque de oficinas al norte de San Petersburgo, dos jóvenes dan clases a niños y adolescentes en una sala cubierta con fotografías rojas y negras de guerreros asiáticos.

Es un club dedicado al "parkour", un deporte urbano basado en acrobacias que implican correr, escalar y saltar sobre las paredes, tejados y escaleras de la ciudad.

Vladimir Lapik y Sasha Bitkov eran amigos de Pavel Kashin, uno de los artistas más famosos de "parkour" en la ciudad, quien murió mientras filmaba unas acrobacias sobre un tejado.

De pie, sobre una cornisa de un metro de ancho en lo alto de un bloque de apartamentos, Pavel intentó hacer una voltereta hacia atrás, pero perdió el equilibrio y la caída, a una altura de 16 pisos, acabó con su vida.

Era una maniobra habitual, según sus amigos, que ya había realizado docenas de veces antes. "No sabemos lo que le ocurrió", dice Vladimir. "Tal vez se distrajo por algún motivo".

El joven añade que conoce a cinco personas que han muerto tras caerse de edificios o cruzar vías de tren mientras hacían las acrobacias. Pero eso no ha evitado que deje de practicar "parkour".